Quingentésimo Aniversario de la caída de Tenochtitlan

Canal Laredo

En el marco del Quingentésimo Aniversario de la caída de Tenochtitlan, el Cónsul General Juan Carlos Mendoza Sánchez hizo una colaboración especial con Tiempo de Laredo de Laredo Morning Times, principal periódico local de Laredo.

Quingentésimo Aniversario de la caída de Tenochtitlan

Juan Carlos Mendoza Sánchez, Especial para Tiempo de Laredo

El 13 de agosto de 1521 defendido por Cuauhtémoc, Tlatelolco, el último reducto controlado por los aztecas, cayó en manos de Hernán Cortés. La captura de Cuauhtémoc marcó la derrota final del Imperio Azteca para dar inicio a tres siglos de dominación colonial española.

A 500 años de la caída de Tenochtitlán, nuestra identidad nacional mexicana refleja nuestro origen indígena, a pesar de que la mezcla entre indígenas y españoles nos convirtió en un pueblo mestizo. En su artículo 2, nuestra Carta Magna señala que: “la Nación Mexicana tiene una composición pluricultural sustentada originalmente en sus pueblos indígenas”. Más allá de que por nuestras venas corra sangre española, los mexicanos somos orgullosamente descendientes de las culturas prehispánicas que florecieron en Mesoamérica como los toltecas, los olmecas, los teotihuacanos, los mayas y los mexicas entre otros pueblos prehispánicos a los que hoy nuestra Constitución reconoce usos y costumbres.

Nuestro escudo nacional que engalana el color blanco de nuestra bandera tricolor, nos recuerda día a día nuestro origen, ya que el águila sobre un nopal devorando a una serpiente rememora la fundación de la Gran Tenochtitlán, la capital del Imperio Azteca, sobre cuyas ruinas se edificó la Ciudad de México que es nuestra actual capital.

El Imperio Mexica o Azteca caído hace 500 años, es también la fuente del nombre de nuestro país. La palabra México proviene del náhuatl, lengua de los aztecas. Se compone de tres voces: meztli que significa luna; xictli que significa ombligo o centro; y co que significa lugar. México significa “lugar en el ombligo de la luna” o bien “lugar en el centro del lago de la luna”. Ese lugar en el centro del lago de la luna, fue la Gran Tenochtitlán.

La grandeza del Imperio Azteca fue también motivo de su caída. Los pueblos sometidos a su dominio como los totonacas y los tlaxcaltecas, fueron los aliados en los que se apoyó Hernán Cortes para conquistar al Imperio Azteca. Lugar especial merece la Malitzin o Malinche, una de las 20 mujeres entregadas como tributo a Cortés por los indígenas de Tabasco tras su derrota en la batalla de Centla; la Malinche fue la intérprete de Cortes. Esa mujer además de conocer lenguas indígenas, era poseedora de una notable inteligencia y una envidiable astucia, las cuales fueron fundamentales en el éxito del conquistador.

Con la muerte del Emperador Moctezuma, ocasionada por su debilidad ante Cortés, los españoles se vieron acosados por los guerreros aztecas. Bernal Díaz del Castillo describió el arrojo de los aztecas de esta forma: “soldados que se habían hallado en Italia, que allí estaban con nosotros, juraron muchas veces a Dios que guerras tan bravosas jamás habían visto…como aquellos indios con tanto ánimo…”. Pero el valor, las lanzas y las flechas de los guerreros aztecas no fueron suficientes para detener los ataques de Cortés apoyados por tlaxcaltecas, texcocanos y totonacas.

Después de la derrota militar del 30 de junio de 1520, ocasionada por los aztecas a los españoles, la cual es conocida como “La Noche Triste”, Hernán Cortés se reagrupó y repitió sus ataques. Posteriormente, con el apoyo de unos 80 mil tlaxcaltecas, totonacas y texcocanos, Cortés sitió Tenochtitlán por 80 días, destruyendo los acueductos y cortando los abastos de víveres, en una estrategia militar típica de las conquistas de ciudades en la península ibérica. Tenochtitlan finalmente no pudo resistir la hambruna, la sed y las enfermedades causadas por el cerco militar y cayó en manos de Cortés. Cuauhtémoc, el último emperador azteca, fue capturado tras la batalla final entre aztecas y españoles, librada el 13 de agosto de 1521 en Tlatelolco, en lo que es hoy la Plaza de las Tres Culturas. Así culminó el México prehispánico e iniciaron los tres siglos de la era virreinal, en la cual los frailes a través de la educación y la evangelización transmitieron a los indígenas los valores culturales que hicieron posible un prolongado yugo colonial, el cual, sin embargo, no logró borrar la esencia de nuestro pasado prehispánico.

Al recordar el Quingentésimo Aniversario de la caída de Tenochtitlan, los mexicanos recordamos nuestro grandioso pasado prehispánico, del cual emergió no sólo nuestro escudo nacional, sino también la esencia de nuestra mexicanidad, ese tatuaje cultural que permite que el mundo nos identifique y nos distinga fácilmente de otros pueblos.

Juan Carlos Mendoza Sánchez es Cónsul General de México en Laredo, Texas.

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