“Cartas de amor”

Canal Vaticano| Cartas del embajador

Por Alberto Barranco Chavarría, embajador de México ante la Santa Sede.

Al compás de las mujeres de su tiempo, Rosario De la Peña y Llerena atesoraba un pequeño baúl con las cartas de amor recibidas, distinguiendo la diversidad con un pequeño listón rojo: ya Manuel Acuña, ya Manuel M. Flores, ya José Martí, ya Ignacio Ramírez “El Nigromante”, ya Luis G. Urbina. Un tomo mayor de poesía romántica alfombrando el paso de su orgullo, con prólogo del menos romántico de sus enamorados, Enrique Santibañez: “Seré un imbécil más que en tu carrera tire de tu carroza maldecida”. Y Maria Antonieta Rivas Mercado, persistente ante la resistencia de la roca frente a la gota de agua, le envía 87 cartas de amor al atormentado pintor Manuel Rodriguez Lozano: “Nada quiero porque quiero todo; no me agusane el corazón”. Del talante de aquello que fue habla el final de una misiva de Ramón López Velarde a una de sus musas, Maria Navarro: “Su amigo que la quiere por la bondad de su alma y el azul de sus pupilas”. A su vez, Porfirio Díaz le insertaba recaditos coquetos a su jovencita maestra de francés, Carmen Romero Rubio. La costumbre se fugó con el manguillo del puño y letra y acaso también con el consuelo de los suspiros.

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