CAUSAS IMPOSIBLES

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En la ciudad de Casia, muy cerca de Roma, existe un impresionante monasterio dedicado a santa María Magdalena, cuyas paredes de siglos abrigan el silencio y la oración de una congregación de religiosas agustinas que, sin embargo, salen día a día a predicar el ejemplo. Ahí está también, en un lugar privilegiado de la basílica principal, una tumba con los restos de santa Rita, a quien se venera como la intercesora de las causas imposibles. Al recinto que lleva su nombre llegan miles de peregrinos en busca de un milagro frente a la desesperación.

Sin embargo, la ciudad lleva en sus anales otras historias portentosas. Así, la de un clérigo al que se le pidió atender espiritualmente la agonía de un campesino quien solicitaba confesión y comunión, además del sacramento de la extrema unción. Sería descuido, sería abulia o simplemente desidia, el hecho es que el sacerdote tomó una hostia consagrada del copón del sagrario y la guardó entre las páginas de su breviario. La sorpresa llegó cuando descubrió que las páginas que resguardaban la sagrada forma estaban manchadas de sangre al transformarse esto en un coágulo. El ministro cayó de rodillas.

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