COLUMNAS DE SAN PEDRO

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Entre las imágenes inolvidables en las vistas de fieles a la Basílica de San Pedro, dada su monumentalidad, está el baldaquino que recubre el altar donde el Papa habitualmente celebra los oficios. Éste fue realizado por el celebrado escultor Gian Lorenzo Bernini, inspirado en las columnas que por siglos han resguardado la tumba del apóstol San Pedro. De las doce originales seis se colocaron en el siglo IV, en que se inició la construcción del templo católico más grande del mundo, por órdenes del emperador Constantino. El resto se agregó durante el pontificado de Gregorio III, 400 años más tarde. Unas y otras procedieron de Oriente, calculándose que se esculpieron durante el siglo III. Más allá de la majestuosidad del mármol griego blanco en que se confeccionaron y de sus cinco metros de altura, su singularidad está en las hojas de hiedra y racimos de uvas sostenidos por querubines que las rodea

Lamentablemente de las doce solo se mantienen 8, al perderse tres y colocarse una, la de mayor aprecio por los visitantes, en el Museo del Tesoro del Vaticano.

Desde la edad media ha corrido la leyenda de que las doce columnas pertenecieron al Templo de Salomón ubicado en Jerusalén. Y justo de la que se exhibe en solitario se tiene la idea de que Jesús se habría inclinado sobre ella al momento de sus predicaciones, lo que le ha dado el calificativo de Columna Santa, con la novedad de que los fieles que llegan a ella la tocan una y otra vez en la idea de poderes milagrosos, lo que ha desgastado peligrosamente sus ornamentaciones.

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