CONVENTO DE LOS MILAGROS

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Enclavado en una ladera de la ciudad de Cosenza, en la región de Calabria, se ubica uno de los monasterios fundados por san Francisco de Paula, cuya singularidad la ofrece no solo su estructura de piedra y su dosel de ingreso labrado en mármol, sino su historia, cuajada de insólitos atribuidos a la santidad del fundador la comunidad de frailes menores ermitaños.

Así, en sus largos paseos de meditación, el canonizado se hacía acompañar de un corderito al que llamaba “Martinello”. En una ocasión, andando éste a la deriva, fue sorprendido por los trabajadores que edificaban la construcción, con intención de servirlo como almuerzo. Lanzado el animalito a un horno donde se fabricaban ladrillos, de pronto se apareció su amigo, quien empezó a llamarlo una y otra vez…hasta que salió de las llamas, ileso.

En otra ocasión, enterado el santo que los propios alarifes tenían que hacer grandes recorridos hasta el arroyo de Isca para almacenar agua, se dirigió a una roca ubicada a un costado de la entrada del convento, golpeándola con su báculo, lo que propicio un interminable brote del líquido. El lugar, hasta hoy, es conocido como manantial Cucchiarella, por los cucharones empleados por quienes saciaban su sed en él.

En la misma vereda, una pertinaz lluvia provocó un deslizamiento de tierra del cerro causando el desprendimiento de dos colosales rocas amagando destrozar lo construido. El santo evitó el percance con un grito: “¡Deténganse por caridad!”

La fama de Francisco de Paula trascendió en Europa al punto de que el rey de Francia Luis IX le pidió una venia al papa Sixto IV para que le permitiera visitarlo… con la esperanza de su oración como remedio a sus graves males.

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