“Constitución de 1917”

Canal Vaticano| Cartas del embajador

Por Alberto Barranco Chavarría, embajador de México ante la Santa Sede.

De todo aquello que fue, un siglo después, quedan algunas curules, el abanico de rostros de los diputados y la pluma con que se firmó el documento final.  El difícil parto de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. El legajo escrito a mano en impecable letra Palmer. La mansión, hoy museo, donde vivió sus últimos tres meses el presidente Venustiano Carranza. La sala donde fue velado tras su artero asesinato. El teatro Iturbide de Querétaro, hoy De la República, convertido en sede del Congreso Constituyente. Convocado el proceso electoral el 6 de octubre de 1916, a la cita solo acudió el 30 por ciento del padrón. Carrancistas y obregonistas en disputa. Si Veracruz tenía 18 representantes, la capital 15, entre ellos Félix Fulgencio Pavicini, fundador del diario El Universal, representando a las colonias Santa María, San Rafael, Juárez y Roma. Por Michoacán participaría Jesús Romero Flores, autor de “Pito Pérez”, quien sería el último sobreviviente. En el ceñimiento, acusaciones al calce de traidores a la revolución, asesinos, emboscados, saldría, entre muchos, el actor Alfredo Solares de la compañía de Virginia Fábregas, pese a su alegato de no ser porfirista ya que don Porfirio no lo apoyó en su carrera, pero se quedó como diputado Rubén Martí, sobrino del libertador cubano, José Martí, bajo el argumento de que el apellido daría lustre al documento final. El debate se calentó cuando se planteó el cancelar escuelas confesionales, prohibir las corridas de toros y cerrar los confesionarios, además de abrir decenas de penales tipo las Islas Marías. La epopeya de la Constitución que abrió a la escena el 5 de febrero de 1917 en el estruendo de bandas de guerra, desfiles marciales y repique de campanas.    

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