“Ecos del corazón”

Canal Vaticano| Cartas del embajador

Por Alberto Barranco Chavarría, embajador de México ante la Santa Sede.

“Llegaba al altar, feliz esposa / ahí la alcanzó la muerte / aquí reposa”. La frase está escrita a manera de epitafio en una tumba del Panteón de San Fernando. Es Dolores Escalante. Es el amor desgarrado por el destino de José María Lafragua. El abogado, el ministro en el gobierno de Sebastián Lerdo de Tejada, sucesor a su muerte de Benito Juárez, había arropado el último instante con su mano entrelazada (“La mano, Lafragua, pedía la joven en simbólico matrimonio in extremis). Eran las seis de la mañana en el nebuloso de la alcoba donde flotaba el terrible cólera. Y a esa hora, durante 25 años, el político liberal oraba por su Lola de mil tropiezos y desdichas previas al compromiso matrimonial. Por ella se vistió de luto. Por ella siguió soltero. Y cuando lo alcanzó también la hora fatal pedía reposar a su lado. Misión imposible ante un cementerio cerrado a la llegada de su último huésped, el propio Juárez. Sepultado en cuerpo en el panteón del Tepeyac, cruzarla una década de trámites, oficios, súplicas, plegarias, para alcanzar el anhelado reencuentro. Un sepulcro para dos en el colofón no escrito de la historia contada por el novio frustrado: ” Ecos del corazón”.

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