ÉXTASIS DE SANTA TERESA

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En el enjambre de asombros la atención se vuelca sobre una escultura de mármol de belleza y expresión inauditas: “El éxtasis de Santa Teresa”. Ahí, como suspendida en la nada, la fundadora de la Orden de Carmelitas Descalzas mira con ternura al infinito mientras un sonriente ángel esgrime su flecha sin arco apuntándole al corazón. La obra del gran Gian Lorenzo Bernini es el epicentro, el punto toral de la capilla del Cornaro, una de las tres laterales de la basílica de Santa María de la Victoria de Roma. Una más de las muchas iglesias de la urbe, pequeña para la ola, pero inmensa para el arte. Dedicada originalmente al apóstol san Pablo, la dedicación se volcó en la gratitud a una imagen de María a cuya invocación, dice la tradición, el emperador Fernando II logró el triunfo en la Batalla de Monte Mario: católicos contra protestantes. En el ábside del altar está un fresco con la imagen de un ejército victorioso entrando a la ciudad de Praga. Ahí otra escultura inaudita: “El sueño de José”. Y la indescriptible belleza de la bóveda, su vitral, su órgano monumental y más frescos: La Virgen Maria triunfa sobre los herejes” o “Caída de los ángeles Rebeldes”. Y la luz atrapada por ingeniosas ventanas como pequeñas cúpulas. La iglesia se edificó de 1608 a 1620. Carrusel de belleza.

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