Manos y alma de Oaxaca.

Esplendor de muchos pueblos

Inaugurada el 23 de marzo de 2016 en el Museo Nacional de Culturas Populares.

Exposición Danza de los Diablos de Cuajinicuilapa

del fotógrafo Carlos Alvarado

LA DANZA DE LOS DIABLOS

La máscara es un acto paradójico: mostrarse y ocultarse a un tiempo y en la tradición cultural mexicana las máscaras tienen una enorme importancia. Por ejemplo, La Danza de los Diablos; patrimonio afromexicano de la Costa Chica de Guerrero, cuya localización geográfica e histórica le otorga unas características especiales. Se dice que la Danza de los diablos tiene un origen virreinal en los esclavos que poblaron la costa pacífica con raíces africanas y en busca de una identidad y una libertad. El origen de esta tradición ha sido identificado por especialistas y estudiosos en el virreinato o época colonial, pues esta danza era un ritual dedicado al dios africano Ruja, al cual los esclavos le pedían ser liberados del yugo español.

A través del intercambio cultural la ceremonia se transformó y adquirió influencias de corte católico, pero también pasó a formar parte de una de las tradiciones más importantes de la región de la Costa Chica de Guerrero y Oaxaca, principalmente en el municipio de Cuajinicuilapa. Es perceptible una constante: la animalización del rostro humano, a la vez transmitir una sensación de sabiduría pícara y que, por ejemplo, contrasta cuando hay una persona, en especial, un niño, en la imagen. Así, largas barbas, cabellos enmarañados y orejas y nariz zoomorfas vuelven inquietantes esas máscaras.

Por otro lado, el baile y la fiesta implican un hecho social en su sentido más amplio.  Se conjetura que los diablos representan los espíritus de los muertos que vuelven para visitar a sus familias y los altares que les fueron colocados; mientras que otras creencias señalan que los diablos tienen un papel importante como intermediarios entre la vida y la muerte, pues se encargan de proteger a los vivos al impedir que los muertos visiten el mundo en otros días que no sea el Día de Muertos. Rostros –máscaras- que son en cierta manera un umbral entre ambos mundos, a medio camino entre el rostro de la muerte y la calavera que se nos anuncia detrás. 

Estas fotos nos narran una tradición y nos revelan sus aspectos más cotidianos, por eso, el paisaje, los ríos, el mar, la vegetación forman ese contexto en el que esas máscaras adquieren, como los muertos, la vida. Sabemos que la fotografía es el arte del instante inmovilizado ¿pero no siente usted que en estas fotos el baile, que es movimiento, se nos hace presente?

The dance of the devils

The mask is a paradoxical act: to show and hide at the same time, and in the Mexican cultural tradition, masks have an enormous importance. For example, the Dance of the Devils; Afro-Mexican heritage of the Costa Chica of Guerrero, whose geographical and historical location gives it special characteristics. It is said that the Dance of the Devils has a viceregal origin in the slaves who populated the Pacific coast with African roots and in search of an identity and freedom. The origin of this tradition has been identified by specialists and scholars in the viceroyalty or colonial era, as this dance was a ritual dedicated to the African god Ruja, to whom the slaves asked to be freed from the Spanish yoke.

Through cultural exchange, the ceremony was transformed and acquired Catholic influences, but also became part of one of the most important traditions of the Costa Chica region of Guerrero and Oaxaca, mainly in the municipality of Cuajinicuilapa. A constant is perceptible: the animalization of the human face, at the same time transmitting a sense of mischievous wisdom and that, for example, contrasts when there is a person, especially a child, in the image. Thus, long beards, matted hair and zoomorphic ears and noses make these masks disturbing.

On the other hand, the dance and the party imply a social event in its broadest sense.  It is conjectured that the devils represent the spirits of the dead who return to visit their families and the altars that were placed for them; while other beliefs point out that the devils have an important role as intermediaries between life and death, since they are in charge of protecting the living by preventing the dead from visiting the world on days other than the Day of the Dead. Faces -masks- that are in a certain way a threshold between both worlds, halfway between the face of death and the skull that is announced behind it. 

These photos narrate a tradition and reveal to us its most everyday aspects, that is why the landscape, the rivers, the sea, the vegetation form the context in which these masks acquire, like the dead, life. We know that photography is the art of the immobilized instant, but don’t you feel that in these photos the dance, which is movement, becomes present to us?

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